El linfedema secundario, frecuente en pacientes que han recibido terapias oncológicas, es una enfermedad crónica causada por el daño originado al sistema linfático, que provoca aumento de volumen y fibrosis.
Investigaciones recientes muestran que su progresión depende del microentorno tisular, afectado por tres factores: estrés celular, disfunción inmunológica y alteraciones metabólicas.
La obesidad y los tratamientos oncológicos (cirugía, radioterapia, quimioterapia) agravan este entorno, favoreciendo la inflamación y el daño linfático.
Nuevas terapias buscan modificar el microentorno en lugar de tratar solo los síntomas: la terapia génica con VEGF-C, el tacrolimus tópico, los inhibidores de LTB4, la dieta cetogénica y la pérdida de peso muestran resultados prometedores.
El futuro apunta a tratamientos combinados que reduzcan la inflamación, restauren la función linfática y mejoren la calidad de vida de los pacientes.